Lo pasado
Ea, pues hombre degenerado!
Ea, rico extravagante!
Ea vos que dormís despierto!
Recuerda por un instante la funesta perspectiva de tu vida miserable y hambrienta. Repasa los caminos por donde la fatalidad te ha lanzado o la desgracia te ha conducido, o la desesperacion te ha recibido. Bastantes diamantes, oro y ventura brillan hoy en los cristales del espejo en donde Monte-Cristo mira a Dantés. Oculta esos diamantes, pisa ese oro, borra esos rayos. Rico, vuelve a hallar al pobre; libre, vuelve a encontrar al preso; resucitado, vuelve a reconocer al cadáver.
Y diciéndose a si mismo todas esas cosas, Monte-Cristo seguía por la calle de Caissierie. Era la misma por donde hacía veinticuatro años había sido llevado por una guardia silenciosa y nocturna; sus casas, de un aspecto risueño, estaban aquella noche sombrias, silenciosas y cerradas.
Alejandro Dumas - El conde de Monte-Cristo.
Nero (okubi)